sábado, 18 de febrero de 2012

FAMILIA Y TRANSMISIÓN DE VALORES



                                              

Resumen


FAMILIA Y TRANSMISIÓN DE VALORES







Asignatura: Contextos educativos en educación infantil
                        Alumna: Pilar López Burillo
                        Curso: Segundo grado
                        Grupo: 3 – B








1-     ¿Crisis en la familia?

La familia no está en crisis, sino una modalidad de familia.
Esta imagen de crisis en la familia se debe a los cambios bruscos a los que está sometida y que en el transcurso de la adaptación producen incertidumbre y por tanto sensación de crisis.
Sin embargo, en España desde distintos sectores, se sigue viendo a la familia en crisis, tal vez por el descenso de matrimonios, aumento de divorcios y de hogares monoparentales  y unipersonales, de ahí que piensen en que la familia ha perdido su poder socializador, y recurriendo a lo que tienen más a mano,   “la escuela” la institución, después de la familia, más apropiada para los niños y con profesionales capacitados,  ha pasado a ocupar el hueco dejado por ésta.
Pero ahora surge un problema, antes la familia socializaba y la escuela enseñaba, hoy se le exige a la escuela cubrir un espacio para el que no está preparada, (a la escuela le afectan, al igual que a la familia, los cambios sociales, ¿también está en crisis? o simplemente la adaptación a las nuevas exigencias producen esa sensación).
Aunque existen opiniones pesimistas que responsabilizan a la familia actual de los comportamientos antisociales de los hijos por la convivencia inestable provocada por su falta de normas y valores, no hay que olvidar que la familia se encuentra en un proceso de cambio continuo y adaptación.
La familia es consciente de los problemas y dificultades por las que atraviesa y el efecto que esto causa en sus hijos, por lo que insiste en reavivar y  mantener unos valores, “tradicionales” acomodados a la nueva realidad.
La familia sigue estando ahí  y aunque ya no sea la institución única de transmisión de valores, sigue siendo la de mayor influencia sobre los hijos, marcando su actuación en la sociedad. Se trata de ver a la familia desde otro punto de vista, la sociedad ha cambiado y la familia con ella, adaptándose a nuevas formas de convivencia en la que las interacciones personales propician un modelo social más igualitario, en el cuál , la realización personal de cada miembro familiar tiene cabida.
El concepto de familia no puede resumirse en una única definición, es complicado y difícil de delimitar y más si tenemos en cuenta sus diversas formas y funciones que a su vez están determinadas por factores históricos y culturales, incluso dentro de una misma cultura, de unos grupos a otros.
Podríamos decir entre otras, que la familia es el resultado de ciertas prácticas y costumbres  adoptados  a lo largo del tiempo por un pueblo que se consolidan en estructuras que permanecen.
También podríamos definirla como pequeños grupos que conviven bajo el mismo techo cuya relación está institucionalizada según normas de parentesco.
Lo ideal sería considerar el concepto de familia al margen de una determinada política, religión o moral, pero parece casi imposible.
En España, la familia ha experimentado diversos e importantes cambios; el reconocimiento legal  de libertad para formar pareja y también para deshacerla, la importancia del amor y del bienestar en la convivencia, los cambios en los roles del padre y de la madre,  y los valores de independencia, libertad y derechos individuales dentro de la familia que precisamente han influido en la fecundidad. Esto ha llevado a la familia, vista anteriormente como una institución, a una familia que se realiza a través de la interacción personal de sus miembros. A una familia que pasa a tener una configuración pluralista con cobertura legal.

2-     Familia y educación en valores.

Desde hace unas décadas, se cree en la posibilidad de que la educación formal solucione los problemas que ha generado la sociedad actual como; las drogas, la violencia, el consumismo, la contaminación ambiental, etc… Tal idea se apoya en la creencia de que es posible que la transmisión de valores por parte del profesorado  a los educandos, sea suficiente para que estos desarrollen una personalidad íntegra.
Hoy esta idea empieza a tambalearse, es cierto que tanto la escuela como la familia contribuyen al desarrollo de la personalidad del educando y por tanto de sus actitudes ante la sociedad, pero es la familia y su contexto social el que más lo va a determinar.
La escuela intenta corregir o apoyar las actitudes y creencias que trae consigo el educando, pero no puede ocupar el lugar de la familia.
En la sociedad actual, donde nos llega más información de la que podemos asimilar, la escuela no se encarga meramente de transmitirla sino de facilitar y orientar su búsqueda y el uso que de ella se hace.
Como ya hemos dicho, el niño trae a la escuela, de su contexto y sobre todo de su entorno familiar,  una serie de valores y antivalores que determinan su actuación ante las propuestas valorativas que le proporciona la escuela, por lo que la familia es la que va a determinar la estabilidad emocional del educando,  (aspiraciones, motivaciones, valores). Es por tanto imprescindible que la escuela incorpore a la familia en sus proyectos educativos, en general y sobre todo en los concernientes a la resolución de problemas como; la droga, la violencia o la marginación entre otros.
Uno de los temas más tratados últimamente por los pedagogos y psicólogos es la violencia en las aulas, se sabe que tiene un  origen socio-familiar.
Partiendo de que los padres son los que comparten con el niño sus primeros años de vida y que esto determina su comportamiento y personalidad, es fácil suponer que el niño aprende la forma violenta o respetuosa de comportarse de sus padres, está comprobado que muchas de las de las conductas de los padres y refuerzos que dan a la conducta de sus hijos no hacen más que incrementar las actitudes agresivas de sus hijos.
Por el contrario se sabe que la seguridad afectiva que el entorno familiar proporciona al niño es indispensable para el desarrollo de una personalidad sana y equilibrada.
Estudios recientes señalan que la actitud violenta de los hijos está relacionada con la falta de la figura paterna y materna y la educación familiar, otro punto a tener en cuenta es el estilo “laissez faire”(padres que trabajan, actitudes violentas en los adolescentes). Barudy señala que los niños que sufren graves carencias con sus padres o son abandonados por estos, desarrollan; trastornos de apego, aislamiento social, baja autoestima, dependencia y desconfianza social, agresividad, tristeza y ansiedad, etc.
Aunque la familia es el hábitat natural para la apropiación de valores no debemos olvidar que la familia está condicionada por las contradicciones sociales de nuestra sociedad actual y por tanto de los continuos cambios que en ella se producen como; la defensa de las libertades, cultura de la tolerancia, una mayor conciencia del deber ciudadano, el poder de los medios de comunicación, la aparición de movimientos sociales que denuncian la instrumentación del poder y exigen un reparto equitativo de los bienes.
Como vemos, la familia no está sola ante la educación de sus hijos, ni es el entorno familiar el único que va a influir en el adolescente, pero si es la más importante en los primeros años del niño y por tanto la que marcará su entidad afectiva y emocional, el entorno familiar será transcendental para la adquisición de valores y patrones de conducta.
El valor se adquiere con la experiencia, no es suficiente con tener conocimiento de él, es necesario conocerlo a través de la realización personal, para ello el ser humano necesita de un modelo al que imitar y de un entorno afectivo y continuado. La escuela es un lugar más, en donde a través de las relaciones afectivas entre educador y educando se puede desarrollar la comprensión del valor y su posterior asimilación. Pero es en la familia en donde se ve a dar el marco más valioso para este fin, el seno familiar crea un marco afectivo y continuado insustituible para que el niño pueda apropiarse de un valor de forma natural, es decir el niño verá cada día el comportamiento de sus padres, el lazo afectivo reinante entre ellos provoca en él la necesidad de hacer suyo dicho comportamiento.
Mencionar que se corre el riesgo de los hogares en los que no son práctica habitual comportamientos dignos de imitar.

3-     La pedagogía de los valores en el ámbito familiar

Partiendo de que la adquisición del valor viene  determinado por la experiencia del mismo y de que el ambiente ideal es el entorno familiar, aunque no exclusivo, tenemos que hacer mención también la pluralidad y complejidad de nuestra sociedad que va a condicionar su actuación.
La familia después de la Constitución de 1978,  (que trajo a nuestro país un régimen democrático de libertades y por tanto una transformación social) tiene  que adaptarse al cambio, puesto que las normas válidas en el pasado ya no lo son y prepararse para las nuevas formas de transmitir a los hijos sus valores. Aunque es difícil definir los valores que se deberían transmitir a los hijos, si podemos citar lo que llamaremos “condiciones ambientales”: la función de acogida, el clima moral y el clima de diálogo.

3.1- La función de acogida
La sociedad actual ha favorecido la pérdida de la capacidad para  transmitir valores a las instituciones tradicionales como son, la familia, la escuela, la comunidad, etc. Existe un debilitamiento de las tradiciones comunes que no han sido reemplazadas por otras que nos sirvan de vínculo común y de orientación.
A pesar de todas las dificultades, todavía nos queda la familia.
La familia desempeña una función fundamental, la función de acogida, que en toda la historia de la humanidad ha sido determinante para el desarrollo del ser humano. En el seno familiar se crea el ambiente idóneo para que el niño se forme y llegue a ser un miembro de la sociedad. La familia será la encargada de transmitirle valores, actitudes, como percibir a los demás y sobre todo a sí mismo.
La acogida de la familia significa para el niño sentirse protegido, seguro, significa  apoyo y ternura, significa confianza, dirección, guía, acompañamiento… el niño en el seno familiar se sentirá invulnerable, un sentimiento positivo que le ayudará en los momentos difíciles a lo largo de su vida.
La acogida del hijo por parte de los padres no es reproducirse en él, sino hacer todo lo necesario para que sea él mismo, el niño en su experiencia de ser acogido aprenderá el verdadero significado de la acogida, acoger al otro por lo que es, y por tanto aprenderá el respeto y la tolerancia hacia los demás.
La acogida es reconocer la dignidad del otro no prolongarse en él, es donación y entrega y también es responsabilidad y compromiso, hacerse cargo del otro, tanto padres e hijos, como maestros y alumnos.
En esta relación los padres aprenderán a ser padres y los hijos a ser aprendices.
Dado que existen diversas formas de entender la educación de los hijos no es conveniente decir ¿cómo deben los padres enseñar? pero si decir qué condiciones ambientales son imprescindibles para ello. La acogida sería el principal, junto a un clima moral de responsabilidad y de diálogo en el que los demás  valores de tolerancia, justicia, respeto, etc… se vayan forjando. Como ya hemos dicho los valores se aprenden con la experiencia y el entorno familiar es el idóneo para este fin.
Cuando nos referimos a la educación en el ámbito familiar, no decimos solamente enseñar y enseñar bien, si no que entra en juego otro componente, en el centro mismo del acto de educar se forma una relación ética que une a padres e hijos, en la que los primeros acogen y se hacen cargo de los segundos.
Educar no es solamente transmitir conocimientos sino contribuir a crear un nuevo ser,  único. Para ello es necesario colocarse en el otro lado, ver el mundo desde la perspectiva del otro. Todo lo descrito sería imposible sin amor.

3.2- Clima moral
Como ya hemos dicho, crear un clima moral en el que la responsabilidad sea su componente principal es primordial en la educación del ser humano, la moral que nos hace ser responsable de los demás y de las cuestiones que nos afectan como ciudadanos, comenzando por la propia familia. El hecho de responder de tus actos, pese a la importancia que tiene en la formación del educando no ha sido tratado en su justa medida. Mientras vivamos en sociedad es necesario actuar con responsabilidad hacia los demás, en nuestra vida cotidiana nos relacionamos con personas de diferentes ideas,  opiniones y formas de vivir y tenemos que convivir, ello implica tener presente al otro, no me puede ser indiferente, lo que yo haga no me afecta a mí exclusivamente, puede afectar y raramente no es así, al otro, tanto mi conducta como mi omisión.
Pero esto, no es suficiente, hay que ir más allá, basándose en la propia experiencia, cuando percibimos el daño ajeno como si de uno mismo se tratase, estamos desarrollando una moral de atención y cuidado (empatía).
Ser responsable supone responder del otro, cuidarlo y atenderlo, como nos gustaría nos tratasen a nosotros, ser más humano. Y esto es algo que se aprende desde pequeño en la familia.

3.3- Clima de diálogo
La comunicación y más concretamente el diálogo, no es un acto de imposición ni dominio de “la verdad” de uno, sino más bien aceptar la parte de verdad del otro y la evidencia de tu posible no verdad. El ser humano desde que nace intenta comunicarse, a lo largo de su vida se comunicará desde todos los modos posibles y a través “de todo lo que es”, al margen de sus creencias y convicciones, y aprende a dialogar, a decir lo que piensa y aceptar lo que dice el otro.
El diálogo es hacer partícipe al otro de tu propia experiencia de vida, nadie hace esto si no existe confianza entre el uno y el otro, el diálogo es una relación de acogida, no cabe imponer un criterio y por tanto la sumisión del otro.
En nuestra sociedad actual la de la hipercomunicación, resulta que la incomunicación entre los adolescentes es habitual, parece ser que no hemos sabido transmitir los acontecimientos de nuestra historia más inmediata, ni la forma de conectarla con su mundo actual. Tal vez se deba a la sobreaceleración del tiempo, pero es imposible adoptar posiciones morales al ritmo en el que se suceden las innovaciones, esto crea un amplio mercado de” valores” frágiles y competitivos que no consiguen más que empeorar la situación.
Visto lo que sucede a nuestro alrededor, puede que la familia sea nuestra última esperanza.
Si partimos de que el diálogo es comunicación y no solo discurso, si el diálogo es compartir tu experiencia de vida, si las narraciones son un bien preciado para la educación en valores, porqué no utilizar la materia prima existente en todos los hogares. Nuestras historias, nuestros aciertos y fracasos, cómo afrontamos las dificultades y también lo que nos hace disfrutar, todo ello es imprescindible compartirlo con los hijos propiciando un diálogo que nos acerque a sus experiencias, enseñarle con la práctica y ejemplo a expresar sus opiniones, sus dudas, frustraciones, éxitos y aspiraciones, de esta forma habremos conseguido que el diálogo sea acompañamiento, dirección, protección y cuidado y no un simple discurso.
El diálogo también es una actitud de disponibilidad, a veces es suficiente con saber que estas ahí, un simple gesto puede ser suficiente, los hijos necesitan saber de la comprensión de los padres y también de la disconformidad.
No podemos olvidar que el aprendizaje del valor necesita de la identificación de un modelo y de la práctica de la experiencia continuada dentro del afecto de la familia, “es el lugar ideal”.
La familia debe crear las condiciones ambientales propicias para que los hijos desempeñen el papel de humanos, debe enseñar a reflexionar sobre él, sobre los otros y su lugar en la sociedad a preguntarse el porqué de las cosas que nos rodean, enseñarles a existir, estamos donde estamos por el interés del hombre por conocer, a sí mismo y el mundo en el que vive.
Para concluir, tener en cuenta que la familia por estar subyugada a los cambios incesantes de esta, nuestra sociedad, lo normal es que esté en permanente adaptación, por suerte, los humanos todavía pensamos que es nuestro refugio, el lugar sagrado al que siempre podemos volver cuando tenemos dificultades y sobre todo para compartir felicidad.


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